Como si de marionetas se
tratara, este es otro ejemplo más del buen hacer de nuestras
empresas y gobiernos. Y es que no hay que ser muy listo para darse
cuenta que la obsolescencia programada es una realidad evidente en
nuestro mundo de supuesto crecimiento ilimitado. Cuesta engullir
razonamientos que me llevan a pensar en medicamentos que curan
enfermedades crónicas guardados en el fondo de una caja fuerte, por
que económicamente es mejor vender mes a mes para engordar las arcas
de las farmacéuticas.