sábado, 12 de marzo de 2011

Lo siento señor, su cura es demasiado cara.

Esta semana he leído una noticia en el periódico que no esperaba ni por asomo encontrar en nuestro país, y es que a un madrileño que le fue diagnosticada la enfermedad de Fabry en el hospital público de la Paz, que provoca insuficiencia renal y puede ocasionar fallos en diferentes órganos, se le ha denegado el tratamiento, que consistiría en aplicar cada quince días y por el resto de su vida una encima por vía intravenosa.

Lo aún más curioso del caso es que ese mismo tratamiento y en ese mismo hospital, se concedió y se aplica a otros nueve pacientes. Pero en esta ocasión, la crisis se ha cruzado en la vida de este hombre, o al menos eso es lo que podemos entender al leer que la gerencia del hospital comunico que “el motivo por el cual no se autoriza el tratamiento es que es muy caro”.

Esto es lo ultimo que me faltaba por oír, en que mundo vivimos que dejamos a una persona sin tratamiento para su enfermedad cuando este existe y ya se esta aplicando a otros pacientes en el mismo hospital. Por lo visto ya se ha abierto la veda en la seguridad social, por lo que su vida y la de todos los españoles queda intrínsecamente ligada al coste de la enfermedad que nos toque padecer, eso siempre y cuando no dispongamos de un seguro privado que pague las facturas de nuestro tratamiento.

Sinceramente os puedo decir que una de las cosas de las que me siento más orgulloso de nuestro país es el sistema de la seguridad social, o me sentía. Era realmente un logro el poder disfrutar de la estructura de una red sanitaria digna y PARA TODOS, sin tener en cuenta escalafones sociales ni niveles económicos. Claro esta que todo aquel que puede pagar me parece totalmente licito que disfrute de otras clínicas, hospitales y trato, siempre y cuando no se deje de lado nuestro actual sistema sanitario ni sufra ninguna merma de sus cualidades.

Parece ser que a nuestra actual dirigente de la comunidad de Madrid, una de las principales abanderadas del movimiento privatizador de la sanidad y de todo lo que quede aún publico, no le gusta que los españoles tengamos ese derecho sanitario, algo que choca tremendamente a tenor de sus apariciones en numerosas inauguraciones de hospitales y porque no decirlo, del tratamiento con operación incluida, que nosotros los contribuyentes le hemos pagado.

Y no es que me moleste que use los 120 € mensuales que aporto a las arcas de la seguridad social, lo que me jode, es que otra persona no pueda disfrutar de ellos, ni siquiera yo mismo me siento atendido en la medida que creo me corresponde cuando trato de pedir una cita para el medico de cabecera y me la dan para tres o cuatro días después gracias al colapso que sufrimos en nuestra población con tan solo dos centros sanitarios para 71000 habitantes, lo que arroja una media de 30500 habitantes por centro, muy lejos de los 14000 habitantes de media nacional.

Volviendo al tema principal de este artículo, debemos recordar que la seguridad social viene garantizada en España por el artículo 41 de la Constitución Española de 1978, pero ya desde el año 1900 se empezó a fraguar lo que es hoy día nuestra sanidad con la Ley Dato, promovida por el gobierno de Silvela. Sin embargo viendo los últimos movimientos realizados por nuestro actual gobierno y tomando en cuenta las directrices privatizadoras de la oposición, no deberíamos descartar en absoluto la disolución del sistema sanitario en favor de un nuevo modelo privado donde el que más tiene sera el que mejor salud conserve.

Espero que si esto sucede, España entera salga a protestar de manera indefinida hasta que nos devolvieran lo que nos pertenece, vamos, como deberíamos haber echo con el asunto de la jubilación. Mientras tanto seguiremos disfrutando de la salud que nos quede, hasta que llegue el día en el que la frase “por lo menos tengo salud” pierda su significado.